—No. Fue una maldita pesadilla.
—¿No hubo química o era solo que él era malo?
—Bueno, eso es lo extraño. Hasta entonces yo había tenido la teoría de que nadie es malo en la cama. Siempre pensé que era cuestión de que existiese la química adecuada, y si no había química entonces sería horrible.
—Dímelo a mí. —Asentí, recordando las horribles experiencias que había tenido antes de conocer a Brad.
—Dios, qué equivocada estaba. Ahora creo que hay personas que son un desastre en la cama, y Charlie es un verdadero desastre.
—Pero ¿a qué te refieres? ¿Cómo puede ser alguien tan desastre?
—Lo sé. Yo tampoco lo habría creído. Pero... —Se inclinó hacia mí con aire conspirador. —Tiene la polla así de corta. —Alargó el dedo meñique.
—Ya —dije. — ¿Y no hay nada que hacer entonces?
—No hay nada que hacer. Quiero decir que él debería haberme avisado. Cuando conoces a una persona crees que es perfecta y entonces, ¡zas!, descubres que tienen la polla del tamaño de la de un niño de diez años.
—¿Y qué hiciste?
—Aguanté dos semanas porque esperaba que mejorara, y traté de no pensar en ello. Además... —Hizo una pausa. —No era solo eso. También era malísimo metiéndome mano.
—Oh. — ¿Qué se suponía que tenía que decir yo? No es la clase de cosa que hablas con desconocidos, por simpáticos que te parezcan.
—Sí—continuó. —Ya sabes cómo es; no habría encontrado mi clítoris aunque hubiera tenido una flecha roja señalándolo.
Me puse colorada, y sigo poniéndome colorada cuando recuerdo el lenguaje que utilizó, pero ella no pareció notarlo.
—Entonces empecé a poner excusas —añadió, —como que estaba cansada o tenía la regla.
—¿Y se las tragó?
—No. —Lauren sacudió la cabeza y rió. —Al final, la última vez que hicimos el amor supe con absoluta certeza que era la experiencia más inútil de toda mi vida. Apenas sentí nada, por el amor de Dios, y si no hubiera sido por sus huevos contra mí...
—Me hago una idea —la interrumpí, sin querer oír el resto.
—Perdona. —Hizo una pausa y se encogió de hombros. —En fin, al día siguiente le dije que me iba.
—¿Cómo se lo tomó?
—Fue una pesadilla. —Lauren levantó la mirada al techo. —Se quedó tan hundido que no podía hablar. Me estuve tres horas allí sentada hablando con él y él no dijo una sola palabra. Se quedó sentado mirando el suelo.
—Dios, qué pesadilla. ¿Le explicaste el motivo?
—¿Qué iba a decirle? ¿Que su polla no era lo bastante grande? No, no pude. Recurrí a esa excusa tan mala de que no estaba preparada para tener una relación, que vivíamos demasiado lejos el uno del otro para que funcionara, y acabe diciendo que creía que los compromisos no iban conmigo.
(Jane Green, Jemina Jones)


















